
A comienzos de siglo, el retrato se hizo bastante popular entre las capas más altas de la sociedad y muchos retratistas noruegos pudieron ganarse la vida haciendo retratos de los ricos y poderosos. Jacob Munch (1776-1839) fue considerado el retratista empírico por excelencia, y seguía un estilo estricto y correcto.
Durante la década de 1850 se introdujo el arte de la fotografía y los retratistas tuvieron que buscar trabajo en otros campos. Por lo tanto, en las décadas siguientes, empezó a crecer con fuerza la pintura de paisajes. El pobre estado de la economía noruega justo después de la separación con Dinamarca imposibilitó el desarrollo de cualquier tipo de apoyo material para las bellas artes.
De este modo las raíces de la pintura noruega se encuentran en Dresde, el centro del Romanticismo alemán. El pintor noruego Johan Christian Dahl (1788- 1857), que formó parte de este ambiente, regresó al cabo del tiempo para plasmar los paisajes del oeste de Noruega en unas pinturas que desde entonces se han considerado como la imagen definitiva de la esencia noruega. La obra de Dahl dio al paisaje noruego un valor artístico y por primera vez se definía a Noruega en la pintura
Artículos relacionados



0 Comentarios en “Avances y dificultades de la pintura noruega en el siglo XIX”