Uno de los platos de mar más codiciados es el bacalao, y más el bacalao noruego, un manjar exquisito apreciado en las mejores cocinas.
Cada año entre enero y abril, los bacalaos más sabrosos del mundo viajan desde el Ártico hasta las islas Lofoten, en la costa noruega, para reproducirse. Allí le esperan como agua de mayo los pescadores escandinavos, que al grito de «¡ya vienen!», convierten la llegada de esta especie en un día de fiesta para todo el país. Desde Noruega, el skrei se distribuye a todo el mundo, y Bilbao es uno de los lugares donde más entusiasmo despierta su llegada.
El skrei -palabra noruega que significa nómada- es un bacalao de invierno que se cría en las frías aguas del Mar de Barents, al norte de Noruega y Rusia. Cuando los peces alcanzan los cuatro o cinco años, recorren miles de kilómetros hacia el sur en busca de aguas más cálidas para desovar.
Las encuentran en las islas Lofoten, un archipiélago situado a unos 130 kilómetros al norte del círculo polar que los viajeros definen como «los Alpes tirados al mar». En su travesía, el bacalao nómada desarrolla una especial musculatura, que hace su carne más firme, jugosa, fina y blanca, por eso es tan apreciada.
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